El agua es un manjar (aún más escaso ahora)

«¡Agua, agua, agua, el agua se está terminando! Los dinosaurios no tienen agua en sus casas y hace días que están de sed».

Así comienza la obra de teatro que interpretaron las niñas y niños de la Biblioteca de Calle que ATD Cuarto Mundo anima en La Vizcachera desde el año 2012. Los dinosaurios tienen sed, como los niños y  los adultos de esta comunidad limeña que lucha desde hace casi 40 años por tener acceso al agua.

A día de hoy, los vecinos cuentan todavía como, durante muchos años, tenían que bajar con baldes hasta el barrio de Campoy, a unos 40 minutos a pie, para llevar agua hasta sus casas. A pesar de los esfuerzos, la escasez de agua todavía está en el corazón de las preocupaciones de esta comunidad. Buscando una solución, han pedido apoyo a las autoridades y movilizado sus escasos recursos materiales y su fuerza de trabajo para construir, a lo largo de años de faenas, un reservorio en el río Huaycoloro que debería un día permitir el bombeo de agua hasta la comunidad.

Sin embargo, sin importar la tremenda inversión humana y económica de las vecinas y vecinos, La Vizcachera, en las orillas de la capital peruana, todavía carece de servicio de agua potable y alcantarillado sanitario.

«Cuando empieza la Biblioteca deCalle —explica Luciano Olazabal, miembro del equipo de ATD Cuarto Mundo en Lima— los niños llegan queriendo beber. Para ellos el agua es un manjar, ¡algo delicioso!, todavía más si es agua fresca de una botella».

Siempre me ha gustado ayudar

Julia Marcas con su mamá, feb 2020

Julia Marcas, una joven que vive en La Vizcachera junto a su mamá, también forma parte del equipo de animadores de la Biblioteca de  Calle. Cada semana, alrededor de los libros y los niños, Julia despliega su pasión por compartir el conocimiento, por ofrecer, por ayudar: «A mí—cuenta Julia— siempre me han ayudado otras personas. Si alguien te da algo, tienes que dar tu sabiduría a otro. La vida es como una ruleta, todo viene y va. Desde pequeña, siempre me ha gustado ayudar. Será porque mi mamá es así también y yo lo aprendí de ella».

Al declararse el confinamiento a causa de la pandemia, Julia comenzó a buscar ayuda y movilizar a otros para aliviar las dificultades que crecen a toda velocidad en su comunidad. En medio de sus esfuerzos, reflexiona: «Es muy frustrante no tener economía suficiente para poder ayudar al resto. La pobreza no solo está en las provincias, está en los alrededores de Lima. ¿Cuántos se han regresado a provincias pidiendo ayuda? La gente viene a la capital para buscar un mejor porvenir, pero ahora todo el mundo se está yendo de Lima porque se ha vuelto el centro de la epidemia. Varias familias de La Vizcachera, mayormente los que eran alquilados, se han vuelto a sus ciudades natales. Más vida hay en la Sierra que en Lima, todo tienes a la mano: la chacra, los animales… y acá en Lima todo es seco, agrio…».

El derecho al agua

El derecho al agua y al saneamiento es un derecho humano fundamental. Según las Naciones Unidas esto significa que el abastecimiento debe ser suficiente y continuo para el uso personal y doméstico: agua para beber, para saneamiento personal, para lavar la ropa, la preparación de alimentos, la limpieza del hogar y la higiene personal. Además, el agua debe ser saludable: libre de amenazas para la salud humana; debe presentar un color, olor y sabor aceptables; debe ser físicamente accesible y económicamente asequible para todos.

Casi 40 años después de su fundación, La Vizcachera no solo carece de un sistema de canalización de agua potable y de saneamiento, sino que tampoco se beneficia de ningún programa de abastecimiento de agua de parte de las autoridades públicas.

A falta de un servicio público que garantice su derecho al agua, los vecinos utilizan los servicios de aguateros que llegan al barrio con cisternas para vender agua por litros. Se sabe que, en La Vizcachera, los vecinos, muchos de ellos en situación de pobreza, gastan en agua en una sola semana lo mismo que una familia en un mes en un barrio de clase media en Lima. Además, el sistema de distribución y almacenamiento representa un verdadero problema de salud pública. Los vecinos guardan el agua de la mejor manera que pueden, pero es siempre precario: si hay un poco de dinero para invertir, se guarda en tanques o pozos que construyen en sus terrenos, si no, en cilindros de plástico y bidones, o incluso en baldes y tinas.

Que el agua llegue a las partes más altas

En la parte más alta del cerro, la situación es aún peor. Cuesta más bombear el agua hasta ahí arriba, de manera que el litro se paga más caro cuanto más alto se vive. En el peor de los casos, la familia no puede pagar el bombeo o la casa está demasiado arriba y ni siquiera llegan las mangueras, así que las familias cargan el agua balde a balde, cerro arriba. Y luego la cuidan como se cuida el bien más preciado. El agua es un manjar, lo saben los niños de la biblioteca de calle.

Para las familias más pobres en el Perú, a menudo dependientes de una economía de supervivencia, el confinamiento ha traído consigo una pérdida de ingresos fulminante. A los pocos días, la escasez de agua en La Vizcachera era ya verdaderamente insoportable. No hay agua, y tampoco dinero para comprarla. El agua es siempre un bien indispensable, pero lo es aún más cuando la salud depende de lavarse las manos a menudo. Por fin, el Servicio de Agua Potable y Alcantarillado de Lima envió algunas cisternas como ayuda, pero no alcanzó sino para unas pocas familias de la parte plana de barrio. En estas circustancias, «el aguatero —explica Julia— está cobrando por el bombeo solo la mitad de precio, o incluso menos a quien más lo necesita. Hacia arriba viven las personas más vulnerables. En la punta del cerro vive una abuelita solita. Ella era vendedora ambulante y pagaba sus 80 soles por el bombeo, pero ahora no tiene, así que el aguatero le cobra solo el agua y un precio simbólico por el bombeo, solo lo que ella pueda pagarle».

Subida del agua. Foto: JM

A lo largo de ocho años de presencia en el barrio, el equipo de ATD Cuarto Mundo ha creado vínculos muy fuertes con Julia y su mamá, la señora Dominga, y con muchas otras vecinas: Séfora, Ana, Melia, Ana María, Juana, Yovanna, Meche… Año a año, se han ido creando lazos de alegría y complicidad con los aproximadamente 120 niños que participan en la biblioteca de calle y una suerte de convivencia y caminar compartido con todos en el barrio.

En diálogo con Julia y su mamá, y junto a los aliados de ATD Cuarto Mundo que se preocuparon, desde el inicio del confinamiento,  por el bienestar de las familias en La Vizcachera y otros barrios de Lima,  el equipo recaudó los fondos para hacer llegar, en nombre de la biblioteca de calle, cuatro cisternas de agua y el bombeo necesario para que alcanzar a las partes más altas del barrio.

El día de la llegada de las cisternas, varios padres y madres se unen a Julia para organizar la distribución del agua. También algunos jovenes orgullosos de que ese agua llegara de parte de la biblioteca de calle en la que tanto habían participado de niños. El trabajo es arduo y se extiende a lo largo de casi 12 horas. El agua alcanza a hogares que ya no tenían ni una gota y se celebra la llegada del manjar, pero, a pesar de los esfuerzos por repartir, no alcanza para todas las casas y se sabe que en unos pocos días será necesario volver a hacer la lucha para que el agua llegue a la parte alta del barrio.

Se suman los desafíos

Para Julia y su mamá, la movilización en favor de sus vecinos continúa y se suman los desafíos. Con el confinamiento, la escasez de alimentos aumenta también, así que, desde hace unas semanas, se han puesto en marcha con otras vecinas para cocinar ollas comunes, una especie de cooperativa de alimento en la que aportan los vecinos y también algunos donadores que Julia ha movilizado a través de sus redes sociales.

«Si yo busco ayuda para mi comunidad —reflexiona Julia— y está a una hora no más del centro de Lima, imagínate otras comunidades, ¿cómo estarán viviendo?, ¿cómo será su realidad? Yo tengo acceso a la tecnología para pedir ayuda, pero si ellos no tienen ¿cómo se estarán sosteniendo? Esa es mi inquietud…».

¿En qué momento las autoridades públicas tendrán las mismas inquietudes que Julia, la misma urgencia por ayudar? ¿Cuándo se unirán a sus iniciativas por el respeto de los derechos humanos? ¿Se hará efectivo, de una vez por todas, el derecho al agua en La Vizcachera y en tantas otras comunidades en las que, a pesar de sus esfuerzos, los vecinos siguen sufriendo sed de agua y de derechos?

Este texto forma parte de una serie de artículos sobre la solidaridad y el cuidado mutuo que se vive en América Latina durante el tiempo de la pandemia del covid-19. Todas las citaciones provienen de un par de entrevistas realizadas a Julia Marcas a través de videoconferencia. Los compromisos como el de Julia y la señora Dominga, con sus vecinos son cruciales para la supervivencia de las personas y familias más pobres.

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