Joseph Wresinski

Fundador de ATD Cuarto Mundo

Joseph Wresinski no fue ni la primera persona ni la única en escuchar a las personas más pobres y dejarse transformar por ellas. Pero lo que sí es específico de su perspectiva es que emerge desde abajo. Aún en la actualidad su perspectiva puede permitir entender, desde el interior, que para mejorar las cosas y el mundo es sumamente necesario reconocer las fuerzas, el conocimiento y la voluntad que las personas más pobres emplean para, con su iniciativa, superar la pobreza. Lo importante que es considerarles realmente como maestros a la hora de pensar de modo diferente nuestra sociedad, y, por lo tanto, como agentes indispensables para forjar la paz de todas las personas sin exclusión. No se trata únicamente de actuar con ellos, sino de actuar y ser a partir de ellos y de lo que tienen que enseñarnos.

Si esta iniciativa fue posible, es porque Wresinski sabía, por haberlo vivido, lo que una persona humillada carga en el fondo del corazón, lo que una mujer desesperada puede aún esperar, la razón por la que algunas niñas y niños no tienen más que lágrimas que ofrecer al mundo. Así, al experimentarla en primera persona, la extrema pobreza le enseñó lo que ninguna universidad puede enseñar: que en el mundo las personas más pobres no esperan de este la caridad, sino que se les escuche como iguales en humanidad. “¡Acaso no soy un ser humano, que me traten como tal!“.

Por eso, a partir de su propia experiencia y reforzado rápidamente por otras personas que se sumaron, Joseph Wresinski trazó de un modo claro el camino por recorrer: en primer lugar lograr que se reconozca el respeto y la igual dignidad de todas las personas a las que la sociedad considera como personas sin identidad, pero que conforman el pueblo del Cuarto Mundo, y pensar de nuevo una sociedad en la que cada persona tenga un lugar propio y donde los derechos de todas las personas serán, efectivamente, para todas las personas.

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