Las palabras no son solo palabras

Con motivo el Día Internacional de la Mujer, 8 de Marzo, desde el sitio web del Movimiento Internacional ATD Cuarto Mundo nos gustaría invitar al mundo entero a pararse y escuchar a mujeres que desde su situación de extrema pobreza, desde su situación de defensoras de los derechos humanos, desde su situación de resistentes, alzan la voz y actúan en favor de su medio social, en favor de otras mujeres pobres como ellas, en favor de una sociedad libre de extrema pobreza.

Si estas mujeres paran, el mundo para.

Por Georgina Simmons y Naomi Anderson (Reino Unido)

“ Sin la escritura, no soy nada” ; Georgina escribe poemas e historias que comparte con sus allegados.

S iempre que encuentro a Georgina tiene un regalo para cada persona, un juguete para un niño, un adorno para la mesa de la oficina, o incluso, en ocasiones, un broche de plata con cuatro figuras de caballos. Ha visto que llevo un broche de oro en mi chaqueta y piensa que necesita compañía.

La generosidad de Georgina siempre me ha fascinado, sus regalos son siempre fruto de una gran atención, a cambio del regalo, lo que más le gusta es que escuchemos una de las historias o poemas que escribe.

Lo que sorprende a las personas no son los abalorios y tesoros que regala, sino los poemas e historias únicos que con paciencia escribe y comparte.

Escribir significa mucho para mí. Me aporta alegría y hace feliz a las demás personas. Ahora mi vida rebosa alegría y no podría ser así sin la escritura.

Crecí siendo una niña de centro de menores. Me educaron allí. Uno de los centros era un centro religioso, dirigido por monjas. Tienes que utilizar las palabras, decían, y no usar nunca la palabra ‘pobreza’. Nos enseñaron diferentes formas de decirlo.

Las palabras de las monjas eran diferentes de las palabras que se utilizaban fuera del centro. Por eso ahora, cuando escribo, lo hago utilizando un estilo indirecto.

Cuando dejé el centro religioso, me internaron en una escuela. Cuando dejé el internado quería inscribirme en el Departamento de Mujeres de la Marina Real (Women’s Royal Naval Service), pero no pude. Mi sueño no se cumplió. Me enviaron de vuelta a casa y entonces, cuando llegó el momento de dejar el centro, me pusieron a trabajar como interna, volví al centro porque era todo lo que conocía.

Uno de mis primeros empleos fue cuidar de una niña. Se pasaba el día diciendo, ‘Mamá y papá esto, mamá y papá lo otro’. Pensé que eran unos nombres muy extraños, no había oído esos nombres antes. Cuando eres huérfano, cuando vives en un centro de menores, no escuchas esas palabras. Se lo dijo a su madre y a su padre y me lo intentaron explicar. No he sentido nunca tanta vergüenza.

Un día, tuve un accidente de tráfico. Cuando recobré la consciencia en el hospital, pedí al doctor un bolígrafo y un papel y escribí una página entera sin saber lo que estaba escribiendo. En ese momento empecé a escribir sobre los centros de menores y a tomar conciencia de lo mucho que escribir significaba para mí. Nunca he vuelto a escribir de esta manera.

Me dije, «¿Cómo puedo llegar a ser escritora? En el internado era de las últimas». El médico me dijo: «Los accidentes afectan a las personas de diferentes maneras. Así es como te ha afectado a ti».

Fue el médico el que me dijo que iba a ser escritora. Me dijo que escribiera. Nadie me había pedido esto antes. Los actos de las personas marcan la diferencia.

Si no hubiera sido por el accidente, nunca habría sido escritora o poeta.

Cuando dejé el hospital nos dimos un apretón de manos.

Aparte de la escritura, para mí no hay nada más. Nadie me lo puede arrebatar.

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