Centro de Vivencias de la Tierra | Brasil

En 2012, Mariana Guerra y Eduardo Simas —ambos voluntarios permanentes de ATD Cuarto Mundo— llegaron a Mirantão (Minas Gerais, Brasil) para instalarse junto a sus hijos en el corazón de este pequeño pueblo rural. El proyecto no era otro sino el de compartir la vida cotidiana y el trabajo con los vecinos, e inventar juntos caminos para la superación de la pobreza.

Mirantão es un pueblo muy aislado y muchas personas piensan en marcharse en busca de oportunidades económicas —cuentan Mariana y Eduardo—. Aquí compartimos la vida con personas cuyos saberes no son valorados, o aún peor, cuyos saberes son ignorados y despreciados.

Fruto de esta vida compartida, se concretó un primer proyecto alrededor de la pequeña escuela rural.

En Junio de 2015, los vecinos de Mirantão —con el apoyo de ATD Cuarto Mundo— ponen en marcha un proyecto de  vivencias de la Tierra. Nuestro objetivo —explican— es proporcionar experiencias individuales y colectivas transformadoras a través de la experimentación, producción e intercambio de saberes y prácticas ligados a la tierra, partiendo del contexto socio-ambiental de Serra da Mantiqueira. Buscamos el reconocimiento de la dignidad y de la capacidad de cada ser humano de contribuir al buen vivir colectivo, en sintonía con la madre tierra y sus diversas manifestaciones.

Poco a poco, el proyecto empieza a desarrollarse.

La segunda siembra de la temporada fue iniciativa de doña Ana, una de las vecinas con la que hemos construido una fuerte relación —cuenta Mariana—. Fue una actividad marcada por muchas risas y confianza. Nos encontramos en el pueblo y fue como un gran evento. Muchas personas pasaban y nos preguntaban a dónde íbamos, si sabíamos cómo sembrar, si necesitábamos herramientas… Muchos compartieron ideas y sus ganas de juntarse en el futuro. Días antes, Eduardo y Gustavo —un joven que vive en la zona— trabajaron preparando la tierra, y Gustavo logró una donación de su vecino de diez bolsas grandes de abono.

Ya en la casa, tomamos un café y empezamos con un intercambio de saberes, experimentando después diferentes maneras de sembrar. Doña Donga decía: «El aprendizaje no ocupa espacio en la mente. Cuanto más podemos aprender, ¡mejor!”. Mientras trabajábamos abriendo los huecos en la tierra, poniendo el abono y las semillas de maíz intercaladas de frijoles, hablábamos sobre nuestras historias de familia y de trabajo. Doña Ana nos contó historias de su familia y de su historia trabajando en las plantaciones y en casas de otras familias. Extraña mucho la tierra y lo que más le motiva en este proyecto es «cultivar la amistad y trabajar con la tierra».

Doña Donga nos contaba de su trabajo en las minas de carbón, del trabajo duro, el polvo, las manchas negras en la cara, pero especialmente de la unión de los trabajadores y la comunidad que se formó, de los bailes y la música los fines de semana. Doña Nica —que no había vuelto a un campo de cultivo desde que perdió una pierna— se une a esa memoria y añade que ella también vivía en esa zona, aunque su padre nunca trabajó en la mina, si no en las plantaciones. Recordaba que trabajó con él desde los ocho hasta los trece años, cuando tuvo que marchar a la ciudad para trabajar como empleada doméstica. Entonces, habló de todas las dificultades que esa experiencia le trajo y de sus fugas…

Una vez terminado el trabajo, almorzamos juntos, celebramos lo que habíamos vivido y hablamos sobre el futuro de nuestro proyecto. 

La tercera siembra de la temporada fue iniciativa de doña Conceição, quien ya había sembrado yuca con nosotros en septiembre. Doña Conceição y su esposo trabajaban con los pies descalzos mientras contaban que nunca se acostumbraron a trabajar con botas o zapatos. Don Zé explicaba que se puso el primer zapato a los 16 años. Hoy, ¡los dos prefieren poner los pies directamente en la tierra! Hablaron también sobre las semillas y la importancia de que estuvieran sanas para la siembra, y sobre cómo proteger la siembra de los animales. Al final, Eduardo y Gustavo prepararon espantapájaros para todo el terreno, así las plantas crecieron sin que los pájaros se las comieran antes de la cosecha.

Después de la siembra, es necesario regresar para levantar las malas hierbas. En esta etapa, cada uno fue al campo dependiendo de su disponibilidad. Así fue como Doña Conceição, sintiéndose realmente propietaria de los que estamos construyendo juntos, regresó en dos ocasiones a cuidar de la plantación. Otras personas del pueblo se unieron a nosotros, como Zé Maria y Carlinhos. Además, recibimos a dos personas de la ciudad que deseaban vivir un experiencia de trabajo de la tierra.

El proyecto de  vivencias de la tierra, junto al trabajo en la escuela, forma parte de una propuesta de promoción de una educación basada en los valores y tradiciones de la tierra, recientemente reconocida por el Ministerio de Educación.

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El proyecto vivencias de la Tierra es un proyecto piloto para la superación de la pobreza, la desigualdad y la exclusión. Busca experimentar modelos alternativos de producción, intercambio de conocimiento y relaciones humanas que favorezcan la erradicación de la miseria en el mundo y el cuidado del medio ambiente. La creatividad y la profundidad de la reflexión de los vecinos de Mirantao y los miembros de ATD Cuarto Mundo en Brasil se unen a los esfuerzos de otros proyectos de naturaleza similar en la región de América Latina y el mundo, promoviendo una corriente de experimentación en favor de una economía respetuosa de los seres humanos y de la tierra.

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