Una fraternidad mundial

Foto : Scultura de Philippe Barbier,  Rencontre Varsovie, Pologne, 2004 ©Zdjecia / ATD Quart Monde / Centre Joseph Wresinski / 2601-002-052_088

Artículo escrito por Françoise Barbier, voluntaria permanente de ATD Cuarto Mundo en Bélgica.

Bernardette, militante de ATD Cuarto Mundo me llama desde Lieja para tener noticias de mi hija, que se ha contagiado con el virus, está indignada:

  • «Desde la crisis del coronavirus, ¡en el barrio hay denuncias por no respetarlas restricciones! Deberíamos ayudarnos mutuamente»

Sabe de lo que habla de primera mano porque varias veces antes su familia ha sido la comidilla del vecindario. «Confío en los amigos de ATD Cuarto Mundo, porque sé que lo que digo no se repetirá en otros lugares. A menudo, cuando hablas, la persona difundirá lo que dices poniéndolo en tu contra. ATD Cuarto Mundo es mi segunda familia, por eso es importante mantener el contacto».

Bernadette llama regularmente a Marie, que acaba de ir sola a enterrar a su hijo de 42 años. No hay posibilidad de rendirle un verdadero homenaje. Se verá sola frente a su dolor, ella que habitualmente cuenta con el encuetro cotidiano con otros alrededor de un café y una comida compartida en un comedor social.

Michel, también militante,  pareja de Bernadette, acaba de encender una vela para el hijo deMarie. Le pregunto si puedo escribir lo que me dice para animar por Skype, en breve, a los amigos de ATD Cuarto Mundo en Beitouna en el Líbano:

  • “Sí, ATD Cuarto Mundo es una familia especialmente importante porque hay mucho rechazo en el momento en que vivimos. Es bueno encontrarse, incluso a distancia, con gente que piensa en nosotros y que está ahí para apoyarnos. Debido al virus, tengo la impresión de que todos los países del mundo se van a unir. Puede ser que esto hiciese falta, y es una pena por toda la gente del mundo que está sufriendo y ha muerto. Tengo la impresión de que se está estableciendo una hermandad mundial, incluso hay un alto el fuego en medio de conflictos y guerras».

Por Skype entre Lieja y Beirut, le leí a Maya lo que Michel me dictó. Para sentir esta «hermandad global» de la que habla, es importante hacer un seguimiento de lo que están pasando las personas más pobres del mundo, de lo mal que lo están pasando con la crisis y también cómo están inventando y creando nuevas formas para apoyarse. Me refiero a la carta de la Delegación General de ATD Cuarto Mundo que nos insta a asegurarnos «que nadie permanezca aislado», «que la experiencia de resistencia de los más pobres circule por todas partes y que esto nos comprometa a crear algo nuevo con ellos».

  • Maya y los padres del barrio de Beitouna nos inspiran cuando, junto con los jóvenes, crean un grupo en WhatsApp para estar al día. Cuando Abir, una madre, va a visitar a una familia más aislada para ver cómo están, comparte su situación con los del grupo a través de su teléfono.

Maya me pregunta por Camille, voluntaria permanente que vive en Bruselas y a quien conoció en un grupo el verano pasado en el Centro Internacional ATD Cuarto Mundo cerca de París. Precisamente Camille acaba de enviarme un mensaje de video hecho por una joven pareja para la que la vida no es fácil, sobre todo confinados en su pequeño apartamento con su hijo. Sin embargo, han encontrado la energía para filmarse y animar a otros en los barrios a preparar preguntas para la próxima Universidad Popular Cuarto Mundo sobre el tema de la solidaridad. ¡Y esto inspira a Maya!Desde

Verviers en Bélgica, Céline me habla de sus dos hijos pequeños. Uno de ellos está ocupado dibujando en el suelo del patio con tiza. Buena idea, le digo, ¡también yo trataré de encontrar tiza para mis vecinos de enfrente, y sus siete hijos!

Llegaron a Bélgica desde Afganistán hace seis meses, huyendo de una zona de conflicto.

Es difícil para ellos entender lo que está pasando con la crisis, sólo hablan su dialecto y sus padres son analfabetos. No hay contacto con la escuela donde los niños aprendieron algunas palabras en francés. Hablo con Céline sobre mi preocupación por el mayor de la familia, el adolescente: él y todos los demás reciben apoyo de los asistentes sociales, ¿y qué será de ellos ahora que los servicios están cerrados?

  • Céline, por su parte, apoya a su vecino de 15 años, Ryan, que está
    pasando por un momento difícil y acababa justo de encontrar un profesional de confianza para acompañarle.

“Pero, con el coronavirus, todo se ha detenido, así que hablo con él para que se olvide de ello. Tengo 22 años, y lo entiendo porque hace no mucho  que tuve grandes crisis de adolescencia. Ryan sueña con ser albañil, y cuando me preguntó qué me gustaría ser más adelante, le dije: «Cuando todo esto termine, me gustaría estudiar para ser maestra, pero primero tengo que conseguir mi certificado de educación secundaria ¡Ya es hora de que lo haga!

Quiero dejar huella apoyando a los niños y niñas que tienen más dificultades en su aprendizaje y dándoles confianza, como algunos profesores han hecho conmigo»