Vivir, aguantar y esperar: la resiliencia de las mujeres en situación de pobreza frente a un año de mucha conmoción

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Un año que ha transformado la vida cotidiana de las familias

Desde hace varios meses, la poblacion del este de la Republica Democratica del Congo atraviesa una crisis humanitaria que ha trastornado profundamente la vida cotidiana de las familias. Los invitamos a leer otros artículos dedicados a esta situación en la página de ATD Cuarto Mundo para entender mejor esta realidad desde otros ángulos.

Desde el 14 de febrero de 2025 y la ocupación de una parte de la provincia de Kivu del Surlas, por fuerzas antigubernamentales del M23 las condiciones de vida han empeorado seriamente. Los obstáculos de acceso a los campos y los mercados, el encarecimiento de los alimentos, el desalojo de la población y la reducción de ciertos servicios esenciales afectan a las familias más pobres.

Sin embargo, la vida continúa a pesar de la adversidad. Las mujeres se levantan todos los días, cuidan de sus hogares, buscan soluciones, improvisan y se adaptan para proteger a sus hijos y preservar lo esencial. Este compromiso cotidiano y a menudo invisible es una de las principales fuentes de resiliencia de sus comunidades.

Una resiliencia discreta pero determinante

Lo que se vive en estos momentos en la provincia de Kivu del Sur revela una profunda realidad: la resiliencia no se manifiesta siempre de manera espectacular. Se demuestra en los gestos cotidianos.

Se manifiesta en compartir la comida, por poca que sea, en retomar una actividad a pesar de las pérdidas, en tender la mano a una vecina, en animar a un niño a no rendirse.

Las mujeres en situación de pobreza no se definen solo por las dificultades por las que atraviesan. Ellas también potencian el cambio y son pilares de sus comunidades. Su capacidad para adaptarse, movilizarse y seguir avanzando, a pesar de la incertidumbre, contribuye a conservar el estrato social.

Y en esos caminos, a pesar de las incertidumbres, ya se perfila el futuro.

Las mujeres: el corazón de la supervivencia cotidiana

En este contexto tan fragil, las mujeres aparecen como las principales actrices de la supervivencia de las familias y, más allá de ello, de la continuidad de la vida comunitaria.

Su papel no se limita Solo a prestar apoyo: ellas transportan, organizan y conservan lo esencial, a menudo en condiciones extremadamente difíciles.

La economía de supervivencia de Bukavu y de los alrededores depende en gran parte de sus actividades. Muchas ya vivían de pequeños comercios, de cultivos privados y de actividades informales antes de la actual conmoción.

Hoy en día, esos medios de existencia se ven seriamente perturbados. El acceso a los campos se ha vuelto difícil, sobre todo en las zonas periféricas como Kabare, Walungo o Mudaka. Las rutas son más inaccesibles y los desplazamientos, más inciertos.

Sin embargo, algunas mujeres siguen desplazándose, a pesar de los trayectos largos y el esfuerzo considerable, para cultivar o traer de vuelta productos indispensables para la supervivencia de sus familias. Otras, que vivían del pequeño comercio, se enfrentan a la escasez de los productos y a la subida de los precios. Los productos básicos se están volviendo difíciles de conseguir, y los escasos ingresos ya no bastan para cubrir las necesidades del hogar. A pesar de ello, siguen vendiendo, intercambiando y adaptando sus actividades, a menudo reduciendo sus propias necesidades para garantizar las de sus hijos.

Una realidad se repite una y otra vez en los testimonios:
«Hacemos lo que podemos con lo que conseguimos. Hay que compartir y aguantar, incluso cuando es poco.»

Un compromiso cotidiano de mujeres resilientes

Las mujeres desplazadas, procedentes de zonas como Minova o Kabare, llegan a Bukavu después de haber dejado sus pueblos en condiciones difíciles. Muchas de ellas han dejado atrás sus campos, sus pertenencias y su entorno. Tienen que volver a empezar prácticamente desde cero, acarreando traumas ligados a lo que han vivido.

A pesar de ello, se esfuerzan por volver a construir medios de subsistencia lo antes posible: buscan pequeños trabajos, se unen a grupos de trueque o se dedican a actividades modestas. Su prioridad sigue siendo la misma: alimentar a sus hijos y mantener un mínimo de estabilidad familiar.

En los barrios populares de la comunidad de Kadutu, donde se encuentra uno de los principales mercados de la ciudad, se destacan alteraciones especiales. Las actividades económicas se han visto seriamente alteradas, reduciendo las oportunidades de ingresos para numerosas mujeres. Sin embargo, algunas intentan recuperar su lugar en los circuitos comerciales, incluso a muy pequeña escala.

En ese contexto, la gestión del cotidiano se vuelve un ejercicio de equilibrio permanente. Las mujeres tienen que hacer lo que pueden con la escasez de recursos, el encarecimiento de la vida, la inseguridad de los tránsitos y la responsabilidad de alimentar y proteger a sus familias.

Toman decisiones difíciles, a menudo en situaciones de emergencia, como vender algunos de sus bienes que les quedan, comer menos, priorizar a los niños o prescindir de sus propias necesidades.

La salud es otra dimensión importante ligada a su papel. Las mujeres embarazadas se enfrentan a grandes obstáculos para dar a luz en condiciones seguras debido a las estructuras desbordadas y a menudo difíciles de acceder. Otras tienen que encargarse de niños enfermos en ambientes con recursos sanitarios limitados. A pesar de estas limitaciones, siguen haciéndose compañía, curando y velando.

Se organizan para no quedarse solas

Frente a las dificultades, las mujeres no se quedan solas. Se organizan. En varias comunidades, las iniciativas locales siguen existiendo y, a veces, se refuerzan: las asociaciones AVEC (Asociaciones Rurales de Ahorro y Crédito), los grupos solidarios para hacer frente a las emergencias y las redes de socorro entre vecinas, familia y amigas.

Estos espacios permiten no solamente movilizar los pocos recursos financieros, pero también compartir las dificultades, mantener la moral alta y buscar soluciones juntos. Cuando una mujer se pone enferma, cuando un niño necesita cuidados, cuando surge un duelo, esas redes juegan un papel esencial. Se convierten en redes de seguridad en un contexto donde las protecciones formales son muy limitadas.

Una participante de un grupo de ahorro explica:
«Solas, somos débiles. Juntas, encontramos la fortaleza para seguir adelante.»

En un contexto en el que muchas estructuras formales se debilitan, estas iniciativas encabezadas por mujeres contribuyen a mantener un tejido social activo. Ellas crean mecanismos de protección allí donde hay poco.

Así, a pesar de las dificultades, las mujeres siguen alimentando a sus familias, manteniendo las actividades económicas, aun cuando estan frágiles, apoyando a otros miembros de sus comunidades, y sosteniendo redes de organización colectiva.

Su compromiso cotidiano suele ser discreto, pero decisivo. No solo permite hacer frente a las emergencias, sino también a conservar una cierta continuidad en la vida de las familias. Un miembro de un grupo comunitario destaca:
«No podemos parar. Si paramos, todo se para con nosotras.»

Proteger a los niños y proteger el futuro

A pesar de la incertidumbre, las mujeres tienen una preocupación constante: el futuro de sus hijos. La educación, incluso alterada, sigue siendo una prioridad. Muchas madres se esfuerzan por mantener su entorno, transmitir sus valores y animar a sus hijos a aprender, a pesar de las interrupciones y la dificultad de acceso al colegio. Saben que la educación significa más que aprender, que es una vía de escape del ciclo de la pobreza.

Más allá del colegio, se esfuerzan por mantener el equilibrio emocional de sus hijos. En contextos caracterizados por el estrés y la inestabilidad, se esfuerzan por mantener las rutinas, de consolar y de proteger. Una madre comparte:
«No podemos controlarlo todo, pero podemos darles la fortaleza para seguir adelante.»

Sus esfuerzos a menudo pasan desapercibidos, pero forman parte de establecer continuidad, a pesar de las rupturas.