Jóvenes en la Naturaleza: ampliar horizontes y comprometerse por un mundo mejor

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¿Qué ocurre cuando jóvenes de distintos entornos sociales se encuentran para caminar, pensar y aprender juntos en la naturaleza? En la Ciudad de México, un nuevo proyecto muestra cómo estas experiencias pueden fortalecer la confianza, ampliar horizontes y despertar el compromiso de los jóvenes con la transformación del mundo que los rodea.

La primera vez que salieron a la naturaleza, algunos jóvenes no querían sentarse en el piso y aún menos quitarse los zapatos para sentir el pasto en los pies. Las hojas secas, las piedras, el barro… parecían algo demasiado extraño o incómodo. Meses después, querían meter los pies en el río, trepar árboles y quedarse en el bosque cada vez más tiempo.

El cambio podría parecer pequeño, pero dice mucho sobre lo que ocurre en Jóvenes en la Naturaleza, un proyecto que nació en abril de 2026 y reúne cada mes a jóvenes de una colonia profundamente marcada por la pobreza en la Ciudad de México y a jóvenes aliados de otros entornos sociales. Las salidas no solamente transforman la relación de todos con la naturaleza, sino también con ellos mismos y con el mundo que los rodea.

Poco a poco, el proyecto nos muestra que los jóvenes pueden convertirse en actores de cambio si cuentan con los vínculos, la confianza y las oportunidades para desarrollarse.

Pensar y aprender juntos

Carlos creció siendo parte de la biblioteca de calle que se celebra en su colonia. Hoy es uno de los participantes más entusiasmados de este nuevo proyecto dirigido a jóvenes de entre 13 y 20 años. “En las salidas, explica, he aprendido muchas cosas importantes: a resistir más en las caminatas, a escalar lugares un poco altos, como montañas, y a reflexionar y perder el miedo a expresarme”.

¿Qué responsabilidad tenemos hacia quienes sufren injusticias? ¿Qué trabajo hay detrás de las lechugas o los mangos que llegan a nuestra mesa? ¿Cómo cambia nuestra forma de pensar cuando pasamos tiempo al aire libre? Estas son algunas de las preguntas que los jóvenes abordan durante las salidas.

Aunque se desarrolla en la naturaleza, el proyecto es mucho más que un programa de excursiones: cada salida es un espacio de reflexión sobre las injusticias, los derechos humanos y el cuidado del medio ambiente. Max, otro entusiasmado participante de la colonia, explica así lo que ocurre cuando varios jóvenes se reúnen para pensar juntos:

Al finalizar la visita a las chinampas de San Pedro Tláhuac, donde los jóvenes pudieron descubrir este ecosistema agrícola y trabajar la tierra junto a las mujeres chinamperas, Max añade: “Hemos aprendido haciendo, no solo escribiendo”. Sus palabras resumen el espíritu del proyecto: ofrecer a los jóvenes experiencias concretas para descubrir y desarrollar sus capacidades e intereses, fortalecer su pensamiento crítico, su confianza en sí mismos y los vínculos de apoyo y amistad con los demás participantes.

Abrir la mirada para comprometerse con el mundo

En otra de las salidas, Andrea añadía: “Algo que podríamos hacer como grupo es ofrecer ayuda a las madres buscadoras”. De este modo, invitaba al resto de los jóvenes a reflexionar sobre la lucha de este colectivo de mujeres que, sin haber obtenido respuestas de las autoridades, buscan a sus hijos y familiares víctimas de desaparición forzada.

En un mundo atravesado por la incertidumbre, múltiples violencias y la crisis ambiental, muchos jóvenes —especialmente quienes crecen en situaciones de mayor pobreza— tienen dificultades para imaginar un futuro esperanzador. A las barreras educativas y económicas que enfrentan se suman los mensajes que reciben sobre lo que no pueden hacer y las escasas oportunidades para desarrollar su potencial.

El proyecto convierte la naturaleza y el encuentro entre jóvenes en una experiencia de descubrimiento que les permite mirar más lejos, ganar confianza en sí mismos y en el futuro y reconocerse como personas capaces de transformar la realidad, como refleja la propuesta de Andrea.

Distintos entornos sociales, un mismo grupo

En 2024, varios jóvenes de la colonia que habían participado en la biblioteca de calle durante sus años de infancia, se unieron para construir, con el apoyo de algunos adultos, una biblioteca para su comunidad. Por otro lado, un buen grupo de jóvenes aliados de otros entornos sociales forman parte del equipo de animadores de la biblioteca de calle.

Este nuevo proyecto en la naturaleza ofrece la posibilidad de que jóvenes de la colonia y jóvenes aliados formen parte de un mismo grupo, reflexionen en condiciones de igualdad y se unan para aportar en la construcción de un mundo mejor. “Para mí —dice Martina, una joven aliada a punto de iniciar su vida universitaria— este proyecto tiene un valor de aprendizaje único”. Y continúa:

“Pero todo esto —continúa Martina— es un proceso, no sucede a la primera ni a la segunda, hay que estar allí, convencidos de que esta es la manera de conocernos realmente, de entendernos y de construir juntos una sociedad más justa.”

En una realidad profundamente marcada por las desigualdades y la separación entre los más ricos y los más pobres, este aspecto adquiere un valor especial para el desarrollo de los jóvenes y de toda la sociedad. ¿Cómo sería nuestro mundo si personas de orígenes muy diferentes aprendieran a pensar, decidir y construir juntas?

Una metodología para acompañar el desarrollo de nuevas capacidades

El proyecto nació de una intuición sencilla: crear oportunidades para que los jóvenes se encuentren de manera significativa entre ellos y con la naturaleza puede desencadenar cambios que difícilmente surgen en otros espacios de su vida cotidiana.

Detrás de esta intuición hay una realidad que ATD Cuarto Mundo conoce bien. Las situaciones de pobreza no implican únicamente la falta de recursos materiales, van acompañadas de un debilitamiento del tejido social, de oportunidades limitadas para desarrollar plenamente las propias capacidades y de experiencias repetidas de desvalorización que dificultan imaginar otros futuros posibles.

Para los jóvenes, formar parte del proyecto no siempre es fácil. Más allá de la timidez o del miedo a participar, muchos trabajan los fines de semana, ayudan a sus familias o dedican ese tiempo al estudio que no logran completar entre semana. En estas condiciones, reservar un sábado para salir a la naturaleza, reflexionar y compartir con otros requiere una decisión y un compromiso que a menudo pasan desapercibidos.

Por eso, cada salida está cuidadosamente diseñada para abrir nuevas posibilidades de descubrimiento, aprendizaje y transformación.

En Jóvenes en la Naturaleza, mirar el cielo también es una forma de aprender a mirar más lejos. El equipo coordinador —compuesto por tres aliados, Zoe, Laura y Mateo, y Beatriz, voluntaria permanente— organiza cada salida alrededor de tres pilares: la exploración del entorno natural, las dinámicas corporales y teatrales, y los espacios de reflexión y diálogo.

Durante las salidas, los jóvenes escuchan el río, observan árboles, se conmueven con la belleza natural y encuentran un espacio poco habitual para detenerse, observar y dejarse sorprender. A través de las dinámicas corporales y teatrales, el cuerpo —que en contextos de pobreza suele estar asociado al cansancio, al trabajo o a la supervivencia— aparece también como un espacio de juego, expresión, placer y descubrimiento. Los momentos de reflexión compartida ayudan a poner en palabras lo vivido, escuchar otras experiencias, analizar críticamente la realidad y construir una comprensión más amplia de sí mismos y del mundo.

No se trata de actividades aisladas, sino de una metodología que busca ampliar los límites desde los que los jóvenes pueden pensar y pensarse en una etapa de la vida en la que se construye la identidad y se toman muchas de las decisiones que marcarán el futuro. Con el tiempo, el grupo se convierte en un espacio donde cada joven descubre que su voz tiene valor, que puede contar con otros y que también puede sostener a los demás.

Cada salida deja también huella en un cuaderno de viaje colectivo donde los jóvenes registran recuerdos y aprendizajes y descubren que aquello que viven y reflexionan merece ser contado.

Próximo paso: un campamento formativo por un mundo más justo y sostenible!

Jóvenes en la Naturaleza nos muestra que, cuando las personas cuentan con espacios donde son reconocidas y pueden aprender junto a otros, se abren horizontes de transformación personal y colectiva que antes parecían inalcanzables. El proyecto fortalece el desarrollo educativo y personal de los jóvenes, y al mismo tiempo alimenta su deseo y capacidad de comprometerse con la transformación de la sociedad.

Los cambios que viven estos jóvenes son posibles gracias a una comunidad de personas que cree que otra forma de aprender y de construir sociedad es posible. Si compartes esta convicción, te invitamos a ayudarnos a dar el siguiente paso.

Con tu apoyo, podremos organizar un campamento formativo en la naturaleza donde los jóvenes continuarán aprendiendo juntos y diseñarán un nuevo proyecto a través del que profundizar su compromiso por construir un mundo más justo y sostenible.


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