La infancia sin nombre

En 2017, ATD Cuarto Mundo hizo una invitación a escribir, ante situaciones de injusticia y extrema pobreza, historias reales de transformación que muestran que cuando nos unimos en una misma lucha podemos lograr que la miseria retroceda.
En nuestro sitio web para favorecer una expresión colectiva intentamos no firmar los artículos, salvo en ocasiones excepcionales. En este caso se trata de personas precisas que intentan poner en valor historias experimentadas en primera persona.
Por Mark Hogan (Suiza)

Desde 1880 hasta 1981, los servicios sociales internaron a la fuerza a cientos de miles de niños suizos en centros o familias de acogida y se les obligó a trabajar, con frecuencia en granjas. Se producía habitualmente en domingo, cuanto terminaba la misa, se subastaba a estos niños a quién quisiera albergarlos a cambio de los más bajos subsidios familiares. Se decidía unilateralmente su internamiento en granjas, en casas particulares y centros sin ningún tipo de juicio previo, sin el consentimiento de sus madres o padres y con frecuencia con el acuerdo de las iglesias. La principal razón para ello era que vivían en situación de pobreza, o que habían nacido fuera del matrimonio, en situaciones familiares difíciles o porque se les consideraba como personas difíciles, rebeldes o poco colaborativas. Las niñas y niños que sufrieron esta institucionalización coercitiva fueron víctimas de condiciones inhumanas en su vida diaria, entre otras cosas, alimentación y vivienda inadecuada, violencia y explotación. Suiza, que sabe la cantidad de vacas que posee, no tiene un registro del número de niñas y niños víctimas de estas medidas coercitivas de institucionalización y acogida de menores. Un hombre al que se le entrevistó explicó que se había pasado cada día de su infancia trabajando en un establo de cuatro de la mañana a diez de la tarde. «Me siento culpable de seguir vivo», añadió. «Si alguien nos preguntaba teníamos que contestar únicamente con un sí o con un no y si nos equivocábamos en la respuesta, sabíamos que nos azotarían».
Otro hombre describió su experiencia de crianza como menor trabajador: «Había una criada que siempre me intentaba proteger para que me hicieran el menor daño posible. Un día ya no estaba allí. Intenté saber adonde había ido y por qué. Entonces alguien me dijo: ‘Era tu madre’. Porque era madre soltera y la iglesia y el ayuntamiento le hicieron firmar un papel en el que prometió que nunca revelaría que era mi madre. Ese fue el precio que tuvo que pagar para estar cerca de mí».
A Augusta Savary y sus tres hermanos les enviaron a vivir en familias de campesinos tras la trágica muerte de sus padres.

  • «Cuando terminé la escuela a la edad de 15 años, me enviaron a otro trabajo como empleada doméstica. Me echaron lo más rápido posible cuando descubrieron que estaba embarazada… No querían que me quedara con mi hijo. Le enviaron a una familia que se hacía cargo de él pero le decían que yo no era buena. Todo lo que gané fue para él, se lo enviaba para ayudar en su crianza».

En este periodo, las personas suizas que vivían en situación de pobreza eran juzgadas y tratadas tan duramente que desconocían su identidad personal y colectiva. Muchos de ellos terminaron creyendo lo que habían oído durante toda su vida, que se les odiaba y que eran inferiores a las demás personas.
Augusta afirma: «Las personas nos odiarán hasta el día de nuestra muerte».
En 1965, ATD Cuarto Mundo inició su trabajo en Suiza. Este trabajo constituyó una oportunidad para las personas en situación de pobreza de reunirse y analizar su pasado para, de una forma gradual, exigir un reconocimiento. Las familias compartirían con los miembros del voluntariado permanente de ATD Cuarto Mundo, reflexiones como estas: «¿Por qué nuestros padres y madres eran pobres? Ni siquiera sé donde están enterrados. No sé donde están mis hijos. Es como un agujero negro que consume mi vida».

Poco a poco, a través de acciones como la Universidades Populares Cuarto Mundo, pasaron a desempeñar un papel activo en el proceso de descubrimiento de su historia personal y en el análisis de sus experiencias colectivas. Anteriormente, nunca se les había dado en ninguna parte ningún reconocimiento. Esto fue lo que les provocó mayor dolor; no ser escuchados, ni tomados en serio o comprendidos.

En 1984, ATD Cuarto Mundo publicó Des Suisses sans noms [Suizos sin nombre], un libro que aborda las diferentes formas en que los servicios sociales han tratado a las personas en situación de pobreza en el país. El libro utiliza el anonimato para proteger a las personas que participaron. Augusta Savary, citada anteriormente y actualmente fallecida, fue una de las participantes, bajo el seudónimo de Rosemarie Chevalier. Actualmente, más de treinta años después, su familia está orgullosa de poder asociar su verdadero nombre a esta publicación. Sin embargo este compromiso de las familias no está carente de riesgos. De hecho, a los primeros miembros de ATD Cuarto Mundo que hablaron por televisión sobre el trato y los abusos sufridos se les acusó de mentir y de avergonzar a sus comunidades. Algunos fueron expulsados de sus viviendas y tuvieron que afrontar peticiones de expulsión de sus localidades. Sin embargo, con el tiempo, a través de organizaciones y retomado por historiadores y periodistas, un número cada vez mayor de personas pasaron a hablar sobre recuerdos profundamente enterrados.

Niñas y niños cuya identidad había sido destruida, posteriormente, siendo adultos, pudieron unirse a otras personas que compartían su mismo destino y juntas tomaron conciencia de que no eran responsables de su situación y encontraron el valor necesario para protestar contra esta injusticia.
A pesar de tener fama de ser un país que apoya la democracia, Suiza, como otros muchos países que han castigado a las familias por ser pobres, ha realizado poca o ninguna referencia oficial a la realidad de pobreza que persiste en su población a través de su historia. Dado que las personas en situación más desfavorecida nunca han tenido voz, su memoria ha sido ignorada y únicamente existen descripciones, con frecuencia subjetivas y equivocadas, que dejaron sus coetáneos privilegiados. Como la Sra. Sommaruga afirma : «No podemos seguir mirando para otro lado… No es únicamente sobre víctimas y perpetradores. Este hecho nos afecta a cada uno de nosotros, porque mirar para otro lado también es una forma de actuar».

Nelly Shenker, militante Cuarto Mundo es miembro del grupo denominado Investigación histórica para el futuro de nuestros hijos. En noviembre de 2015 este grupo se reunión con Luzius Mader, director adjunto del Departamento Suizo de Justicia y responsable de coordinar la investigación sobre el uso de medidas coercitivas por parte de los organismos de servicios sociales.

ATD Cuarto Mundo explicó al Sr. Mader que en muchos casos la pobreza fue, y sigue siendo, la única razón por las que se tomaron medidas de acogimiento e institucionalización de menores.

Otra autoridad, Olivier Baud, Secretario General del Departamento de Juventud de Ginebra afirmó a las familias: «Ustedes se encontraron en esta situación únicamente porque sus familias eran pobres… Me pregunto si actualmente todavía la pobreza es una razón para algunos casos de acogimiento e institucionalización de menores».

Las excusas oficiales presentadas por el Consejo Federal y otras instituciones fueron acompañadas de una serie de compromisos concretos. Las personas tienen acceso a su informes y documentación y se prohíbe a la administración destruir archivos. Se ha nombrado un Defensor del Pueblo que pueda reunir testimonios, reclamaciones y solicitudes. Y, por último, el Gobierno inició un trabajo de precisión histórica, de procedimientos hacia las reparaciones y un nuevo proyecto de medidas legales para la prevención de situaciones similares. Se ha escrito una nueva página en la historia de Suiza. Al asumir su responsabilidad por el pasado, el país puede empezar a cumplir con el ideal inscrito en su Constitución: «La fuerza de una comunidad se mide por el bienestar de sus miembros más débiles».

Nota: Esta historia está inspirada en el capítulo: ‘Sharing a Common History Never Understood or Documented : Swiss Citizens Without Names’ [Compartir una historia común nunca antes comprendida o documentada: Suizos sin nombre] en Artesanos de paz para la erradicación de la extrema pobreza, Volumen III: Entender la violencia de la pobreza págs. 124–136, por Diana Faujour Skelton y otros, ATD Cuarto Mundo, 2016.

Para saber más, visite el blog 1001 Historias de Resistencia